Una marea de unidad para cambiar la historia

Hace pocos meses el presidente Macri se presentó ante el país diciendo una de esas frases que después la historia rescata, no por acertadas sino por desafortunadas: “Lo peor ya pasó”

Pero la realidad nos caería de golpe, porque lo peor estaba por venir. Los tarifazos, la disparada de los precios de los combustibles, la devaluación y la inflación se instalaron desde ese momento hasta hoy. Y para enfrentar esa situación al gobierno no se le ocurrió mejor idea que recurrir a un viejo verdugo del país, el Fondo Monetario Internacional.

Hoy la disparada indetenible del dólar, hizo saltar de su silla en el Banco Central a Federico Sturzenegger, y en su lugar Macri colocó a Luis Caputo, un entendido en armados offshore, evasión y fuga de capitales. Es decir que un zorro de las finanzas negras está cuidando el gallinero de las reservas nacionales.

Toda esta situación se dio llamativamente cuando las calles aún estaban vibrando por una ola verde de chiques, pibes y pibas, que movilizadxs frente al Congreso de la Nación le arrancaron a la Argentina conservadora y patriarcal la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo.

Esa joven marea verde de derechos, es el mejor ejemplo que nos muestra cuál debe ser el camino para enfrentar el tsunami verde dólar, visualizando con claridad el objetivo y sabiendo desbordar a quienes se le oponían.

La unidad, la organización, la visión común en función de avanzar en el campo de la dignidad humana, puso en movimiento frente al Congreso una enorme fuerza que tenía un mensaje claro: La ley de despenalización del aborto sale o sale, no importa cuanto haya que luchar, no importa cuáles sean los obstáculos.

Es tiempo de unirnos y de lograr que ese mismo espíritu recorra hoy la sociedad para defender a los más expuestos, frente a una crisis económica que se le ha escapado de las manos a este gobierno. No hay posibilidades reales de seguir soportando tarifazos, paritarias por debajo de la inflación, leyes que atentan contra las conquistas laborales, ni hambre en los barrios más humildes.

En los comedores de las barriadas de todo el país miles de madres silenciosas pelean una batalla contra la indiferencia que no solo es invisibilizada sino que muchas veces es estigmatizada con adjetivos denigrantes como “planeras” o “vagas”, pero son ellas las que nos están mostrando también que frente a los grandes enemigos la única salida es juntarse más y proteger a brazo partido a niñas y niños del flagelo de la desnutrición y el narco.

En este momento, quizás como pocas veces en el pasado, sabemos que estamos empoderados, que nuestros derechos colectivos no pueden ni deben ser vulnerados por programas políticos diseñados por tecnócratas millonarios, y que nuestro destino colectivo depende exclusivamente de nuestra capacidad de ponernos firmes para enfrentar ese país para pocos que Macri y los suyos están construyendo.

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