La dictadura en la genética del macrismo

Las enormes movilizaciones en todo el país contra el 2×1 impactaron de lleno sobre macrismo e incluso reavivaron los crujidos al interior de la alianza Cambiemos, con cuestionamientos de varios de sus socios radicales que pusieron sobre la mesa la notable incapacidad de los funcionarios del PRO de articular alguna respuesta al reclamo de la sociedad.

El propio Macri esperó al mismo día 10, cuando las calles ya se empezaban a llenar de gente, para pronunciarse y hablar con términos que le son absolutamente ajenos a sus discursos habituales: dictadura y crímenes de lesa humanidad.

En el relato de la derecha gobernante hay una silenciosa pero evidente puja entre los sectores que quieren obviar y pasar de largo cualquier referencia al golpe que encabezó Videla, y aquellos otros que tratan -todavía hoy- de conseguir algún tipo de reivindicación histórica del “proceso” y detener o demorar los juicios de la verdad contra los genocidas y sus cómplices que se llevan adelante en el país.

Pero en esta puja, creo yo, hay un consenso básico, un punto de encuentro estratégico: necesitan a las fuerzas armadas y de seguridad sin el lastre de su pasado, para utilizarlas como históricamente lo hicieron, como disciplinadores sociales frente al descontento popular que tarde o temprano desencadenan sus modelos económicos. Esta es la parte oculta del témpano amarillo y que podemos intuir debajo de tanto discurso lavado por el márketing.

Para complejizar más la coyuntura política, a lo anterior se le suma que el radicalismo, que asumió en el ‘83 con Alfonsín a la cabeza con el compromiso tácito de avanzar en el camino democrático sin realizar pactos con el poder militar en retirada (tal como pasó en otros países de la región como Chile o Uruguay), se mueve incómodo entre socios que además de relegarlos en el reparto del poder, no comparten hoy, como no lo compartieron 30 años atrás, la definición ideológica profunda que los llevó a sentar en el banquillo a las Juntas genocidas.

Por otra parte, esta “nueva” derecha que nos gobierna, si bien ha logrado desprenderse de sus vinculaciones más notorias con la pasada dictadura criminal, no puede evitar que en su ADN se activen los cromosomas de su pasado genético. Los lazos de los empresarios y las empresas que le dieron sustento al golpe cívico-militar son evidentes. La patria contratista y la patria financiera que se adosaron como una lapa al barco procesista primero y al menemismo después, tienen a más de un representante en el actual gobierno nacional, por lo tanto la ortodoxia económica del ajuste y el proyecto de país excluyente, orientado al extractivismo de recursos, se hace presente implícitamente una y otra vez en las políticas actuales.

Frente a este proyecto no cabe la ingenuidad ni la subestimación porque su “éxito” se mide solo en las ganancias empresarias sin tener en cuenta entre sus costos a los millones de argentinos y argentinas que quedan por fuera del mismo. Por eso la dictadura y sus crímenes son vistas por buena parte del gobierno como una mochila de la que hay que deshacerse y no como una mochila que seguiremos cargando, lo deseemos o no, porque constituyen -como bien lo subrayó el diputado radical Ricardo Alfonsín- un peso en la conciencia de toda la humanidad.

A este cóctel, se suma la interpretación por parte del macrismo, de que buena parte de los avances en lo que hace a derechos humanos en nuestro país, son el fruto exclusivo de una concesión graciosa del anterior gobierno. Tremendo error. Porque de esta forma se desconoce que desde incluso antes del retorno de la democracia, con las marchas de las Madres, se cimentaba en la Argentina el clamor por la verdad y la justicia. Este mismo pueblo que masivamente se expresó en martes 10 de mayo en todo el país contra el 2×1, hace lo mismo cada 24 marzo desde 1982, se puso de pie y rechazó de plano las leyes de impunidad, se opuso con enorme fuerza a los indultos de Carlos Menem y rechazaba la presencia de los asesinos cada vez que se los cruzaba en las calles.

Es por todo esto que el macrismo, aparentemente siempre tan atento a las encuestas y al marketing político, tropieza una y otra vez en el campo de los derechos humanos. Atrapados en la lógica de su pelea maniquea con el gobierno de Cristina; enganchados en la coincidencia de objetivos como el modelo económico de la dictadura y el menemismo; y apurados por la necesidad de tener fuerzas armadas y de seguridad con la cara lavada para reprimir; el presidente y sus funcionarios no terminan de comprender que los argentinos y argentinas hemos decidido desterrar la palabra olvido de nuestro lenguaje y cultura política.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*