La chispa del 17 de octubre

En este tiempo de redes sociales y de márqueting político descafeinado y diet, a veces se hace difícil entender aquel 17 de octubre de 1945 hecho de boca en boca y, como reza el mito, a pata y pulmón.

Aunque muchos políticos sueñan en algún momento poder tener su propio 17, lo que olvidan es que más allá de la figura emblemática de Perón, su indudable capacidad de comunicación y liderazgo, lo que hubo detrás de la movilización de cientos de miles exigiendo su libertad, fueron políticas que -como se dice ahora- empoderaron a la clase trabajadora, dándole derechos que se tradujeron en mejoras concretas en su calidad de vida.

Esas políticas que caracterizaron a aquel primer peronismo y que transformaron socialmente al país, hoy están a años luz de las que llevan adelante sus supuestos continuadores -por ejemplo- en nuestra provincia. Despegados del legado de justicia social de Perón y Evita, De la Sota y Schiaretti han hecho propias las principales banderas del conservadurismo cordobés, han asumido con devoción varias de las premisas del neoliberalismo y lo que es peor, una y otra vez han demostrado que su principal preocupación ha sido favorecer al capital por encima de los intereses populares.

Lejos de haber construido una sociedad más democrática y justa, los gobiernos del PJ han multiplicado en Córdoba las prácticas clientelares, han ayudado a desguazar un modelo industrial que era orgullo nacional, y han instalado una suerte de unicato político donde el poder se reparte entre los amigos.

Nada tienen que ver con el legado rebelde y socialmente reivindicativo del 17 de octubre los legisladores mano de yeso, ni los recortes al PAICOR, ni las construcciones faraónicas con sobreprecios, ni los hoteles de lujo levantados con fondos sociales, ni las millonarias “inversiones” en pauta publicitaria, ni la corrupción evidente acallada, ni una justicia adicta construida a dedo, ni los sucesivos recortes a las jubilaciones provinciales, ni los hospitales públicos siempre al borde de una crisis terminal, ni la inseguridad creciente de la mano de un narcotráfico en expansión, ni la represión sistemática en las barriadas populares, ni la guardia de infantería formada en las puertas de la legislatura cada vez que se votan leyes contrarias a las necesidades populares.

Si en 1945 a Perón trataron de acallarlo aislándolo en Martín García -una prisión en medio del Río de la Plata- en este 2016 tenemos a muchos de los principales políticos de nuestro país y nuestra provincia, aislados por decisión propia en el corazón de sus countrys, tratando de alejarse de esa realidad incómoda que ayudaron a construir, poniéndose por fuera del resto de la sociedad y viviendo en ese mundo de ficción tan característica de los barrios cerrados.

Seguramente en estos días veremos muchas fotos de los “festejos del Día de la Lealtad”, con caras sonrientes y discursos llenos de referencias a una justicia social que no llega, pero el verdadero 17 de Octubre estará fuera de esos escenarios montados para la ocasión; seguirá en las calles, donde nació y de donde nunca se fue, protegiendo la chispa de dignidad que lo transformó en llamarada.

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