Hasta la victoria siempre, Nono Frondizi

Marcelo “Nono” Frondizi, era parte de una familia política por excelencia. Su hermano mellizo cayó en 1971 durante una acción de las FAP contra la dictadura militar del momento. Muchas veces el Nono recordaba ese hecho como su deuda personal; se quejaba de no tener la valentía de su hermano para morir combatiendo.

El exilio obligado por la dictadura de las juntas genocidas lo encontró organizando la pelea desde Europa con la idea fija de volver… y cuando volvió retomó aquí su militancia gremial en el sindicato que amaba: ATE.

Yo lo conocí apenas terminaban los ‘80 en una Ferifiesta del Partido Comunista donde el Pelado Tumini me lo presentó. Desde el primer momento me pareció un chabón distinto, y también, casi instantáneamente -y por su personalidad- fue como si nos conociéramos de toda vida.

Peronista con nombre propio, dirigente sindical destacado, inigualable en el debate y en las asambleas; se desvivía por sus “Talleres Protegidos del Borda” repartición donde laburaba en el Estado y de la cual era delegado. Ese fue el primer lugar que me llevo a visitar y eso dice mucho del orgullo que tenía por esos Talleres, que para él eran mucho más que un espacio de trabajo.

Por aquellos años empezábamos la construcción de una locura que llamamos Patria Libre y él era parte de ese puñadito de locos que apostaba por una organización nueva que en muchos aspectos no se ataba a los estándares del momento.

En los ’90 estuvo firme junto a los que promovían un nuevo modelo sindical, y allí se paró como un militante más, impulsando la primera e histórica Marcha Federal contra Menem, y la creación de la CTA. En la calle estuvo codo a codo con el Perro Santillán, empujando la Corriente Sindical 1° de Mayo con Mario Díaz, Ilda Bustos de Graficos; el Negro Romero y Pablo Álvarez de Luz y Fuerza de Córdoba; y muchos y muchas más.

Por supuesto que al ir de frente en todas estas circunstancias, le aparecieron debates, diferencias, miradas distintas… pero jamás hizo eje en ellas y menos que menos tuvo mala leche con las críticas hacia nadie. Nunca lo escuche hablar mal de alguien que viniera de este lado del campo popular; por el contrario siempre tuvo el abrazo dispuesto, la búsqueda de puntos de vista en común, y el gesto de afecto a flor de piel.

De él guardo dos recuerdos especiales. Uno cuando se conmovió al encontrar en la Casa de Resistencia de Munro (que había sido la imprenta de la Columna Norte de Montoneros) un antiguo afiche de los ’70 que el desconocía, y donde se homenajeaba a su hermano. Otro fue cuando lanzamos la Venceremos y lo tuvimos a él dando una charla sobre el che. Me acuerdo que allí dijo “¿Sabés que fue lo peor la muerte del Che? Sentir que se había ido el tipo que a los trabajadores argentinos nos iba a hacer conocer el mar, el Caribe, porque Perón ya nos había mostrado el de acá.” Me quedó grabada esa frase no porque fuese una gran definición, pero si porque era una mirada de clase en medio de tanto debate ideológico vacío.

Hoy, en la previa de un Paro General que se pone firme frente al macrismo, muchos sentimos se nos fue alguien que sigue siendo más que un compañero, es un amigo con quien forjamos una hermandad en la fragua de la resistencia al neoliberalismo que en los ‘90 arrasó el país, y es por eso que su ausencia nos golpea con tanta fuerza, porque partió casi sin avisar justo ahora que es tan necesaria su experiencia y su coraje.

El Nono jamás dejó una pelea sin dar. Y en épocas donde arreciaban el “sálvese quien pueda” y el posibilismo, nos bancó y nos dio fuerza. La última vez que nos encontramos fue en la previa de la reciente Marcha Federal de los movimientos sociales. Allí estuvimos con él, Daniel Menéndez de Barrios de Pie junto a otros compañeros y compañeras, y al final de la charla de rigor, después de anunciarnos que nos veríamos en la marcha, sacó un periódico y nos lo entregó a todos. En la era de las redes sociales él escribía en papel y repartía ideas todo el tiempo.

Hoy se que María y Manuel, sus hijos, lo van a extrañar tanto como nosotros, a quienes nos adoptó en ese parto que fue la pelea contra el menemismo y los ajustes del FMI.

Nonito querido te podés ir tranquilo. Acá queda sangre para rato. Hacenos el aguante donde estés junto a Jorge Reyna y a tantos otros que como vos, nos enseñaron casi todo a pesar de que ya no eran tan jóvenes.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*