Güemes, el patriota silenciado

Martin Miguel de Güemes fue un paria de su clase, no solo porque eligió el camino de la Revolución de Mayo sino fundamentalmente porque le enseñó a sus gauchos pobres a pelear contra la opresión.

Güemes es otro de esos patriotas, que como Belgrano, dejó de lado los privilegios de su origen social y la comodidad de la riqueza, para ser consecuente con sus ideas.

Él y los gauchos y paisanas que lo siguieron, soñaron la patria cuando esta era apenas un esbozo, un sueño compartido por hombres y mujeres que habían comenzado a pensar que era posible derrotar a uno de los imperios más grandes de la Tierra reclamando Libertad e Independencia, Igualdad y Fraternidad.

A pesar de que la historiografía oficial no le dio jamás a Güemes el lugar que se merece junto a San Martín y Belgrano, podemos decir sin temor a equivocarnos que gracias a su capacidad política, militar y coraje, el norte argentino se mantuvo dentro de la órbita de la revolución y no fue tomado por la corona española. Para decirlo claro: si hoy Argentina no termina en Córdoba es merced al esfuerzo y sacrificio de las montoneras salteñas y a su jefe.

Pero el ninguneo que sufre hasta el presente la imagen de Güemes tiene una explicación sencilla: empoderar al pobrerío, a las hijas e hijos de la tierra, no es gratuito.

Ser un caudillo popular, amado por el pueblo, que no se vendió ni a las oligarquías locales ni al poder realista, lo transformó en lo que dije al principio: en un paria, en una figura incómoda, cuyo ejemplo revolvió las tripas de personajes que, como Mitre, se dedicaron a re-escribir la historia desde el poder oligárquico y para el poder económico.

Seguramente hoy, los homenajes a este patriota se van a hacer montados desde hermosos caballos peruanos, con políticos disfrazados de gauchos, jugando a ser algo que no son y que no sienten. Pero lo que Martín Miguel de Güemes nos legó no son el sombrero, el pañuelo blanco al cuello y los guardamontes. Su herencia no es el vestuario, su ejemplo interminable es el compromismo por construir un país de iguales, que no se arrodilla frente a los imperios, que le da dignidad a su pueblo, y que no se entrega jamás.

No me caben dudas de que la soberanía que las montoneras defendieron a punta de lanza está siempre en riesgo en nuestro país. En estos tiempos que corren los peligros para nuestra libertad vienen del lado de los condicionamientos económicos del FMI, de las presiones constantes para entregar nuestros recursos al mejor postor y también llegan de la mano de los polítcos oportunistas que -como la vieja oligarquía salteña que traicionó a Güemes- creen que la vida es más fácil volviendo a ser colonia.

De nuestro lado el compromiso es bancar esta frontera, marcando el límite, para proteger el destino de esos millones de argentinos y argentinas que se merecen un futuro mejor que el diseñado por los tecnócratas del Fondo y sus socios neoliberales de turno.

Y hacia allá vamos inspirados en este general de los pobres y las masas sublevadas

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