¿Ganó África?

Bajo la lluvia de Moscú los festejos de Francia Campeón del Mundo nos recordaron que sin dudas el fútbol sigue siendo el deporte más hermoso y emocionante.

El seleccionado Francés, Les Bleus, no solo fue el mejor equipo de la competencia sino uno de los que más polémicas despertaron a partir de la gran participación en sus filas de jugadores nacionalizados o descendientes de inmigrantes africanos, quienes no solo le aportaron una capacidad física pocas veces vista sino una brillante multiculturalidad que se expresó en su juego.

En las redes sociales, por supuesto, no faltaron los racistas de siempre que pretendiendo quitarle mérito a los campeones, llenaron sus cuentas con irónicos “Ganó África”. La chicana fácil les hizo olvidar a los intolerantes que desde que la humanidad es humanidad, su destino ha sido migrar.

Nuestro propio país ha sido definido, con orgullo muchas veces, como un crisol de razas. Entonces cabría preguntarle a los xenófobos: ¿Cuándo salimos campeones, quien realmente ganó? ¿Europa, amerindia, medio oriente? Basta con leer los apellidos de nuestros jugadores, ver sus rostros, la diversidad de sus rasgos, o su origen social, para darse cuenta de que con la celeste y blanca se visten deportistas cuyos antecesores provienen de medio planeta.

No existe una “raza argentina”. Es más: NO EXISTEN LAS RAZAS. Lo que existe y se expande es la discriminación de los que se creen herederos del planeta solo porque tienen un color de piel más claro que el resto.

Entonces ¿ganó África? Si, ganó África, la sufrida, la esclavizada, la migrante, la silenciosa, la oprimida, la que pelea por ponerse de pie, la que huye de las guerras, la que desea una nueva oportunidad, la que busca un pedazo de pan, la de la sed, la saqueada, la que espera justicia, la más humana y la más digna.

Una vez más perdieron los racistas y triunfó el fútbol.

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