Estamos en la mira del odio


No importa si Nueva Zelanda te parece que está demasiado lejos, o si pensás que la locura asesina de un sádico no te toca. Cuando el racismo y la intolerancia salen a matar, toda la humanidad está en la mira y todxs somos víctimas

Te despertás y lees que la noticia internacional del día es un criminal mató a más de 50 personas en vivo, transmitiendo la masace por Facebook, mostrando al mundo hasta dónde puede llegar el odio y la deshumanización de la muerte.

Yo no se que sentirás vos cuando ves estas cosas, pero a mi se me revuelven las tripas. Aprendí eso de sentir en mi propia piel las injusticias contra cualquiera en cualquier lugar del mundo y no puedo permanecer indiferente. Pero tampoco puedo negar que en este punto todo es impotencia.

Un loco, un intolerante, un asesino, decidió una mañana cargar sus fusiles y salir a matar musulmanes porque si, o mejor dicho, porque desde hace años que nos han instalado en la cabeza que todos los musulmanes son criminales, parte del eje del mal, y potenciales terroristas. Nos han enseñado a odiar, nos han amaestrado -como al perro de Pavlov- para ver a alguien diferente y salivar odio, racismo, desprecio. Lo vemos todos los días en las redes y ahora lo pudimos ver en un live, con gente pidiendo por su vida, y a un tipo que los remataba sin piedad.

Sobre lo que ocurrió en Nueva Zelanda, seguramente alguien le echará la culpa -como ya vi por ahí- a la violencia de los videojuegos, otros dirán que la alienación de las redes sociales es la causante, y seguramente habrá tantas explicaciones como sociólogos y psicólogos silvestres encontremos a nuestro paso; pero yo no puedo dejar de pensar que a esta oleada de desprecio por la vida a la que asistimos cotidianamente es algo distintivo de estos tiempos. Y esto es así porque hoy parece que a muchos le es más facil rechazar al que tiene la piel más oscura, al que profesa otra religión, al paraguayo, al boliviano, al peruano, al judio o al musulmán; que prestarle atención al que nos roba todos los días con guante blanco y lindas palabras, vendiéndonos un mundo que no existe, proponiéndonos que el consumo es la única forma de ser realmente feliz.

Si queremos que “ganen los buenos” el compromiso colectivo debe ir por el lado de no caer en las trampas de la rabia y del odio, y saber que la injusticia es el abono sobre el que crece la muerte y se multiplica lo inhumano. No importa si Nueva Zelanda te parece que está demasiado lejos, o si pensás que la locura asesina de un sádico no te toca. Cuando el racismo y la intolerancia salen a matar, toda la humanidad está en la mira y todxs somos víctimas.

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