Ellas están haciendo historia

La votación de la ley por la Interrupción Voluntaria del embarazo está en tiempo de descuento y ya a nadie le puede parecer indiferente una encrucijada que es mucho más que una cuestión legal, o de creencias personales.
Se trata como se ha dicho muchas veces en estos días de un problema grave de salud pública, pero se trata también de una cuestión de derechos de las mujeres, y por ende de toda la humanidad.

A esta altura del partido me parece que se han desplegado buena parte de los argumentos que van al hueso de la cuestión. Y hoy, gracias a eso, sabemos que los abortos clandestinos son una realidad. Pueden los anti-abortistas alegar que los números están exagerados, inflados o sospecharlos de irreales, pero lo que no pueden hacer es negar que todos los días decenas de mujeres, fundamentalmente mujeres pobres, llegan hasta los hospitales públicos para atender las consecuencias de un aborto realizado bajo condiciones miserables desde el punto de vista humano y médico.

Hoy en nuestro país los hechos son contundentes, si la ley no es aprobada en estos días ¿cuáles creen que serán las consecuencias? ¿Se reducirán los abortos? ¿las guardias de los hospitales dejarán de recibir a chicas con septicemias galopantes por abortos mal realizados…? No, nada de eso va a suceder, a lo sumo se seguirá consolidando un sistema cruel donde las personas ricas pueden acceder a intervenciones en condiciones decentes, mientras que las pobres pagan con el dolor de sus cuerpos y hasta con sus vidas, una prohibición irracional que además es incumplible.

Argentina mantiene una tasa altísima de embarazo adolescente, y esto es fruto fundamentalmente de que los mismos que niegan la posibilidad del aborto legal, ponen el grito en cielo cada vez que se articula algún plan serio de educación sexual en los colegios. Esto se traduce en que en nuestro país, cada 5 minutos nace un bebé hijo de una madre adolescente, y que cada 3 horas nace otro/a cuya madre tiene menos de 15 años (en su mayoría niñas víctimas de abuso). Pero lo más terrible de esta situación es que 7 de 10 adolescentes embarazadas son pobres y el 70% de ellas abandona sus estudios, con lo cual, la rueda de la injusticia sigue girando y aplastando destinos.

Este panorama no solamente nos permite mirar las consecuencias de un sistema educativo, legal y sanitario lleno de déficits, sino que además es una radiografía profunda de un modelo social que ha cristalizado una desigualdad que muchos aceptan -cuando no promocionan- con una frialdad que asusta. Si Macri quería “plantar” este tema para tapar otros (como alguno dijo hace unos meses atrás) hay que decir que le salió el tiro por la culata, porque el debate ha servido para mostrar en carne viva al país real.

Más allá de eso creo que sin dudas hemos dado un salto enorme como sociedad, ya no hay lugar para la hipocresía que negaba lo que pasa en la vida, tampoco hay espacio para llenarse de slogans que después no pueden sostenerse en el debate. Si la ley avanza en Diputados, el desafío entonces será empujar mucho más fuerte para que los senadores ratifiquen la legislación y no se dejen atrapar por el juego de presiones y lobbys. Si la ley no logra esta semana los votos suficientes, va a ser un golpe duro, pero va a servir para mejorar estrategias, discursos y hasta para repensar el voto del 2019, como en cualquier sociedad democrática.

Pero lo realmente subrayable es que hay un antes y un después de este proceso de debate que nos está atravesando como sociedad y eso lo podemos ver en los miles y miles de pibas y pibes que llevan su pañuelo verde con orgullo por las calles, y en la profundidad de los argumentos que despliegan cuando cualquiera les pregunta por qué lo hacen, desmintiendo a los que los acusan de sumarse a una “moda” pasajera.

Ellas y ellos, jóvenes de toda condición, son el motor de este cambio. Y esto no se puede reprimir ni silenciar de ninguna manera.

Un tsuami verde, una revolución de conciencias está llegando, y lo hace sacudiendo fuerte las estructuras conservadoras, casi con la misma intensidad con que hace 100 años irrumpió la Reforma Universitaria en Córdoba, desplazando a las sotanas y a los privilegiados. El cambio, el verdadero, ya está sembrado, ahora es cuestión de tiempo.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*