El “déficit” de Malvinas

Para millones de argentinas y argentinas no olvidar Malvinas es un compromiso por recordar a los cientos de colimbas que cayeron allí tratando de defender un pedacito del país enfrentando a una potencia extranjera.

Pero también lleva implicito tener presente que esos hombres y mujeres no estuvieron en Malvinas por propia voluntad sino que fueron embarcados en la última locura de una dictadura genocida, conducida por un general borracho que buscaba perpetuarse en el poder.

De la misma forma también tenemos muy vivo en la memoria todo lo que se hizo para borrar de la historia el sacrificio de miles, de ningunear su esfuerzo, de traerlos en camiones cerrados lejos de la mirada del pueblo, de esconder bajo la alfombra su heroísmo y sus reclamos. Nunca podremos olvidar que fruto de la desidia del estado murieron más ex combatientes -por suicidios- en el país que los que cayeron en las islas.

Pero la demalvinización que ensayó malamamente la política durante los años ’80 y ’90 nunca quebró una convicción colectiva: Las Malvinas son Argentinas. Y esa convicción se mantiene firme pese a que quienes nos gobiernan parece que tienen otras visiones.

Recordemos por ejemplo que en 1997 el actual presdiente Macri planteaba: “Nunca entendí los temas de soberanía en un país tan grande como el nuestro, las Islas Malvinas serían un fuerte déficit adicional para la Argentina”.

En este 2019, donde casi no hay actos oficiales para recordar lo sucedido y la política exterior del país ha borrado a las Islas en su agenda; queda a la vista de todxs que el “fuerte déficit adicional” de la Argentina es tener en el gobierno a una clase política entreguista, que cree que Malvinas es una palabra maldita

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