¡Amandla! Mandela

¡Amandla! (¡Poder!)
¡Ngawethu! (¡Para el pueblo!)
La consigna que se convirtió en un símbolo de la lucha por la libertad y contra el racismo en Sudáfrica durante casi todo el siglo XX, se personalizó en un líder: Nelson Mandela, de quien hoy festejamos 100 años de su nacimiento.

La biografía de Mandela, ha sido recorrida una y otra vez en los últimos años por una enorme cantidad de libros, películas, y notas periodísticas, pero ninguna de ellas ha sido capaz de recuperar de forma completa la fortaleza y convicción de un hombre que nunca estuvo solo.

Y es que él encarnó como pocos la voluntad inquebrantable de un pueblo que lo convirtió en bandera de los oprimidos de su país y del mundo. Y en este punto hay que ser claros: lejos de ser un héroe solitario y romántico, como muchas veces ha sido representado, fue la parte visible de un movimiento que diariamente enfrentaba en las calles la prepotencia inhumana de los “afrikáners” y que normalmente era invisibilizado por la prensa internacional.

Mandela, mientras duraron los 27 años de su prisión en Robben Island, no solamente fue objeto de reclamos internacionales, sino que fundamentalmente encarnó la esperanza de millones que veían en su enterza un símbolo de inquebrantable dignidad humana. Y es por esa razón que su puño en alto se transformó, contra todos los pronósticos, en el motor de una rebelión, que se propagó desde la celda de una cárcel de alta seguridad, para construir el camino de la libertad.

Libertad que empezó a vislumbrarse cuando finalmente el 10 de mayo de 1994 Mandela se convirtió en el primer presidente negro de la República de Sudáfrica.

A partir de ese momento la tarea se hizo doblemente difícil y compleja, y quizás sea uno de sus legados más importantes, porque tuvo que dejar de lado resentimientos y la búsqueda de venganza para tratar de construir una nación que contuviera tanto a la mayoría negra, como a la minoría blanca. Un desafío en el que todavía están embarcados los sudafricanos y que seguramente les llevará varias generaciones.

De este lado del planeta y de la historia rescatamos su ejemplo y compartimos con él la convicción de que es necesario, imprescindible y posible construir un mundo mejor, por eso hacemos nuestras sus palabras:

“La pobreza no es natural, es creada por el hombre y puede superarse y erradicarse mediante acciones de los seres humanos. Y erradicar la pobreza no es un acto de caridad, es un acto de justicia.”

¡Amandla! (¡Poder!)
¡Ngawethu! (¡Para el pueblo!)

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