Ajuste mata galán

El espejo de Cambiemos está roto

Hace dos años atrás el mapa electoral parecía pintarse entero de amarillo patito. Los editorialistas como Morales Solá se dedicaban a contarnos la “gesta” macrista de desarticular al populismo. Leuco era pura sonrisa. Y la diputada Lilita Carrió se subía a todas las tribunas para proclamarse parte indispensable del triunfo oficialista.

Pero, como dice el presidente, pasaron cosas. Se nos vino encima una tormenta financiera internacional tan previsible como la tormenta de Santa Rosa… y el equipo económico no solo no había reparado en lo que se avecinaba sino que encima puso al país en una situación de debilidad extrema con un festival de tarifazos, fuga de capitales, bonos, deuda e inflación.

Hoy, los globos están pinchados. Las últimas elecciones provinciales arrojan por un lado el afianzamiento de las hegemonías locales, pero por otro marcan un importante rechazo hacia lxs candidatxs de Cambiemos.

La gente sabe. Después de 35 años de democracia hasta los que se dicen “apolíticos” han aprendido que su voto cuenta, y en el cuarto oscuro lo hacen valer. Los “indecisos” que antes solían volcarse hacia lxs candidatxs ganadores, ahora se han vuelto votantes estratégicos que esperan hasta último momento para analizar sus opciones de acuerdo a su íntima conveniencia. De esta forma se explican las “sorpresas” y los sapos que se han comido varias encuestadoras reconocidas.

Hoy en las elecciones de Río Negro ese patrón se ha vuelto a repetir. La opción provincial, Juntos Somos Río Negro, arrasó con el 55% de los votos; pero la sorpresa la dio Matzen, de Cambiemos, que apenas supera el 5% de lxs electorxs.

El responsable principal de esta caída está muy lejos de Viedma y no es otro que Mauricio Macri, quien hoy conduce un equipo sin rumbo, que no puede resolver los problemas que había prometido solucionar o al menos mitigar: la pobreza y la inflación.

El ajuste y la recesión galopante se han comido el consenso que motorizaba a la derecha y hacía bailar al presidente bajo una lluvía papelitos al ritmo de We Are The Champions.

Ya no hay fórmulas mágicas (¿las habrá habido en algún momento?). Las elecciones no se ganan de palabra o por la imposición de manos de Durán Barba. Para trascender electoralmente hacen falta hechos, políticas, logros tangibles, y eso, amigas, amigos, amigues, no aparece en la Casa Rosada ni por casualidad.

Ya se que octubre está lejos pero el camino hacia esa fecha crucial no va a ser fácil ni para el gobierno ni para el grueso de los argentinos y argentinas. El FMI, el verdadero guionista detrás de las desgracias en curso, pide más recortes, mas impuestos y más sangre. Estas exigencias solo tienen un resultado: desocupación, miseria y decepción para los que creyeron que el amarillo era el color de la “nueva Argentina”.

Pero tampoco hay fórmulas mágicas del otro lado. No hay que comerse el amague y creer que Cambiemos se hunde solo.

El macrismo sabe que solo tiene alguna chance de ganar si la oposición va dividida y apunta todos sus cañones a lograr ese objetivo. Para evitar esta trampa están las PASO, como la herramienta central para ponerle un punto final a estos 4 años donde todos y cada uno de los indicadores sociales y económicos han sido altamente negativos.

Esa es la meta que debería interpelar a toda la oposición e imponer una agenda a la altura de un desafío histórico.

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